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La metamorfosis del PP ante Hungría: del apoyo a Orbán a la crítica

El Partido Popular español ha cambiado drásticamente su postura frente a Viktor Orbán tras su derrota electoral, dejando atrás años de complicidad política.

hungarian parliament building

Un cambio de postura bajo el escrutinio público

La reciente derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría, que pone fin a 16 años de hegemonía del partido Fidesz, ha desatado una notable metamorfosis en la narrativa del Partido Popular (PP) español. Lo que durante años fue una alianza estratégica y una relación de mutua conveniencia, hoy se ha transformado en un discurso crítico donde los populares equiparan al húngaro con el populismo iliberal.

Sin embargo, esta nueva postura contrasta fuertemente con el historial de respaldo que el PP ofreció a Orbán cuando este aún era una pieza clave dentro del Partido Popular Europeo (PPE). La estrategia actual de Génova 13, que busca utilizar la figura de Orbán para desgastar al gobierno de Pedro Sánchez, ignora deliberadamente un pasado marcado por la abstención y el apoyo directo.

El historial de complicidad en Europa

Durante años, el PP español evitó posicionarse contra las medidas autoritarias de Budapest. En 2018, el entonces líder del PP, Pablo Casado, justificaba este apoyo alegando que Hungría había sido un aliado fiel en la cuestión del proceso independentista catalán. Esta postura se mantuvo incluso cuando el giro autoritario de Orbán se volvió evidente.

"El Partido Popular Europeo tiene muy presente que Hungría, cuando España ha solicitado apoyo a la hora de encarar el proceso independentista, siempre ha estado con España", Pablo Casado (2018).

La crisis del estado de derecho

Cuando el Parlamento húngaro aprobó gobernar por decreto de forma indefinida bajo la excusa de la pandemia, Casado se negó a firmar la carta que otros trece partidos conservadores europeos enviaron exigiendo la expulsión de Fidesz. El patrón se repitió en votaciones clave sobre el Estado de Derecho, donde el PP español optó por abstenerse o votar en contra de sancionar al gobierno húngaro, incluso cuando el resto de sus socios europeos pedían redoblar la presión.

Las consecuencias sociales de un modelo controvertido

El control de Orbán no solo se limitó a la retórica política, sino que permeó en la estructura social del país. La gestión de recursos fundamentales, como el acceso a la **vivienda**, se convirtió en una herramienta de control electoral. En un contexto donde la incertidumbre económica afecta a los ciudadanos, el acceso a una hipoteca o las políticas de alquiler fueron manipuladas para consolidar una base de votantes dependiente del Estado.

Las votaciones en la Eurocámara, donde el PP español se fragmentó en múltiples ocasiones —entre votos en contra, abstenciones y ausencias—, demuestran la incomodidad de una formación que hoy intenta borrar su pasado. La realidad es que, mientras los valores democráticos europeos estaban en juego, el PP español priorizó la lealtad partidista sobre la integridad de las instituciones comunitarias.

Conclusión

El fin de la era Orbán no solo marca un punto de inflexión para Hungría, sino que pone de manifiesto las contradicciones de la derecha española. La transición de "buenos amigos" a críticos feroces sugiere que la coherencia política ha sido sacrificada en favor de la coyuntura electoral, dejando una sombra sobre el compromiso real del PP con los valores fundacionales de la democracia europea.


Fuente: elDiario.es

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